«Me gustaría irme sabiendo que dimos lo mejor de nosotros durante seis años, y con suerte así es como va a ser.»
Reneé O’Connor
«Estoy segura de que una vez terminada la serie, Xena seguirá existiendo como mito, en las repeticiones y en el recuerdo de todos nosotros.»
Lucy Lawless
Xena nunca dejó de sorprendernos con su exuberante lista de pecados del pasado; por lo tanto no fue extraño que para dar lugar a otra epopeya tuviéramos que presenciar la llegada de un mensajero desde una tierra lejana, cuya misión sería poner en aviso a la Princesa Guerrera de que había problemas por resolver. Se podrá objetar que ya emplearon este recurso dos veces (en The Debt, tercera temporada; y la más fresca en el tiempo trilogía nórdica), pero no hay que negar que dicho recurso dio como resultado cinco de los mejores y más espectaculares capítulos de la serie. ¿Falta de originalidad? Tal vez. ¿Repetición de fórmulas? Seguramente. Sin embargo, si la táctica es efectiva y ha de propiciar una historia interesante y bien elaborada, no hay razón para no darle una oportunidad. Y desde aquí, humildemente, creemos que no sólo se la mereció, sino que además se hizo un excelente trabajo. El recurso habrá sido todo lo proverbial que se le pueda imputar, pero no desconozcamos tampoco que todos los productos televisivos están edificados, de uno u otro modo, a base de clichés. La forma en que son expuestos y las “vueltas de tuerca” que se puedan llegar a incluir y a explotar es lo que marca la diferencia. Y A Friend In Need no careció en ningún momento de una forma sólida y notable, ni de numerosos ingredientes para destacar.
La batalla final.
Uno de ellos fue la técnica de filmación, claramente cinematográfica, que le infundió a todo el transcurso del episodio una estética deslumbrante: la hermosura de algunas tomas habla por sí sola y muy digno de subrayar es el contraste de las imágenes del presente con las del pasado y las de la realidad con la “dimensión fantasmal”, para lo cual se utilizó alguna clase de filtro difusor que las dotó de un aura etérea y mística. No son pocas las escenas que logran ascender a una escala preeminente, por la belleza y el sentido artístico de los que pueden hacer alarde: una de ellas es la práctica con las estacas entre Gabrielle y Kenji en el barco, servida además por un espléndido acompañamiento musical. Otra, la de Xena y Akemi bajo la nieve, en camino hacia el sepulcro del abuelo de la joven. O aquel duelo fantástico entre Gabrielle y el samurai, delicadamente esbozado sin palabras y sólo con ademanes y el detalle emblemático de la lluvia.
Un duelo para la posteridad.
En un idéntico nivel cualitativo se puede circunscribir el desempeño actoral del dúo protagónico. La interpretación de Lucy Lawless fue extraordinaria. La actriz neozelandesa le puso a la heroína tanta fibra y pasión, y al mismo tiempo una conmovedora vulnerabilidad como pocas veces antes hemos visto, que fue un auténtico placer contemplar tal entrega y dedicación. Lawless hizo siempre gala de una habilidad fenomenal para hacer hablar a su personaje con gestos, miradas y movimientos de una manera exacta y profunda; en este episodio fue fiel a ese histrionismo y confirmó el entusiasmo y el talento con que se consagró durante seis años al monumental proyecto que fue Xena: Warrior Princess. Uno de los principales factores del atractivo de este final fue, sin duda alguna, el retrato de la Princesa Guerrera con que Lucy Lawless nos gratificó. La escena en que desfila borracha y desahuciada por las calles de Higuchi cargando las cenizas de Akemi es desgarradora, y ni qué mencionar el enfrentamiento con el ejército comandado por el samurai: el lenguaje corporal y las expresiones del rostro de esta mujer han sido sublimes, vibrantes, intensos, vívidos.
Y Reneé O’Connor no le fue en zaga. Durante las seis temporadas fuimos testigos de una reveladora evolución en su personaje, y esa entrañable representación de Gabrielle con que encantó al público desde el primer momento alcanzó su apogeo en este capítulo. Ya nada queda de la chica inocentona de Potedia, es verdad, salvo, por fortuna, esa perenne esencia bondadosa y sensible que brilla en su semblante, y que ninguna batalla ni ninguna manifestación de crueldad ha podido ni podrá arrancarle jamás. Episodio tras episodio esta jovencita nos invitó a mirar a través de sus ojos francos y nos enseñó a encontrar alegría y virtud allí donde otros sólo podían ver tinieblas y espanto. En este final la actriz de Texas sacó a relucir todas y cada una de esas facultades y nos obsequió una encarnación magistral y enternecedora de aquella jovencita, hoy avezada mujer. Tres instantáneas que quedarán en el recuerdo: la iniciación al célebre y mortífero “golpe”, el duelo con el samurai, y las escenas finales, en las que el espectador puede experimentar con crudeza todo lo que está pasando por la mente y el corazón de nuestra querida Gabrielle.
“Si sólo tuviera 30 segundos de vida...”
Otro componente fundamental de este memorable desenlace, y quizás aquel al que nunca se le ha puesto toda la atención que merece, es la banda sonora. La música de Joseph Lo Duca se ha dado siempre maña para suplantar todo aquello en lo cual el resto de la producción fracasaba, aunque en este caso, obró como cabal sostén de la inefable belleza o el estremecedor impacto de las imágenes. Snow Falling On Cedars no hace más que resaltar el romanticismo de un intercambio hondamente sugestivo entre Xena y Akemi, justo antes de que la discípula le pidiera a la maestra que le mostrara el “golpe”. Sounds Of War es una excitante combinación de ritmos y sonidos que narra estupendamente en acordes la brutalidad y el ardor de la batalla en la cual nuestra heroína se enfrentó con su destino. Y Xena Vs. Yodishi [sic] es el pináculo musical de esta aventura épica inolvidable (ver comentario ampliado en La Música). El leitmotiv del episodio, una melodía muy sentimental y a la vez profundamente heroica, fue empleado con suma precisión en tres de las escenas más significativas: una, cuando nuestras guerreras salvan al pueblo de Higuchi de las llamas; otra, cuando Gabrielle halla el cuerpo decapitado de Xena, y por último, cuando Xena vence al execrable Señor de la Oscuridad y libera a las almas de una eternidad de tormentos.
Gabrielle ha madurado.
En pocas palabras, la música fue, sin dudas, uno de los pilares fundamentales sobre los que se encaramó este capítulo. Asimismo, la fotografía y las actuaciones centrales conformaron los otros dos puntales en los que se erigió este distinguido cierre, que por cierto en conjunto han prevalecido con creces por sobre esos rasgos menos felices de la estructura constitutiva y esas inevitables falencias u omisiones en el libreto. El resultado fue una historia impresionante y muy bien aprovechada, que —pese a lo mucho que se pueda debatir— fue congruente con el carácter de la serie y el de los personajes.
Para completar este comentario afirmaremos, sin temor a pecar de exagerados, que A Friend In Need ha sido un gran final para una gran serie. Se trató de un remate más que decoroso de un programa que jamás fue perfecto, que a veces hasta fue culpable de todas las inconsistencias e inverosimilitudes que quisieran atribuirle, pero cuyos aciertos —lo reiteramos—, y esa magia aun indescifrable que siempre lo definió, lo han encumbrado a una esfera muy destacada dentro de los anales de la televisión mundial y a un lugar insustituible en los millones de corazones de su audiencia.
© 2002.
El presente trabajo es propiedad del Homenaje argentino a la Princesa Guerrera.
Se ruega el favor de no reproducirlo o citarlo en otra/s página/s sin una previa autorización de la editora de este sitio.