—¿Cómo te recuperaste del horror al enterarte que fuiste ese idiota de Joxer?
—Oye, Joxer no era un tonto. El tipo que lo interpretaba era un pelele, eso es todo. ¡Era el hermano del productor, por el amor de Dios!
Fanática #2 & Annie Day, Soul Possession (6x20)
Hace poco vi la trilogía “The Evil Dead”, de nuestra archiconocida dupla fantástica Raimi-Tapert, protagonizada por el actor fetiche de ambos, Bruce Campbell (nuestro adorado Autólicus).
La primera parte, estrenada en 1982, pretendía ser una de las más espeluznantes películas de terror que se habían visto hasta el momento. La secuela, The Evil Dead II: Dead By Dawn, de 1987, resultó más bien una parodia de la primera, creo yo que concebida con plena consciencia del bodrio atómico que era su antecesora. A esta altura, ambos filmes de bajo presupuesto y rayanos en la clasificación “B”, se convirtieron en culto para una franja bastante selecta de amantes del cine de horror, y por qué no decirlo, del cine bizarro. La culminación llegó en 1992 con Army Of Darkness, más cerca de las producciones de Hollywood (de hecho, allí fue donde se filmó, a diferencia de las dos primeras, que se hicieron en pueblitos apartados de Tenessee, Carolina del Norte y Detroit), aunque ya incapaz de deshacerse del estigma de “Cine Basura.”
Pero, en fin, toda esta introducción viene a cuento de que el genial Bruce Campbell nos ofrece —particularmente en la segunda parte— un estupendo despliegue de talento y versatilidad expresiva: la escena en que se enfrenta con su propia mano poseída es impagable, y la película entera vale la pena sólo por ver esos cinco o seis minutos. Y aquí viene el dato interesante de la sección: ¿a quién tomaría como modelo Bruce Campbell para deleitarnos con su graciosísima rutina de “Xena en el cuerpo de Autólicus”?
El capo Campbell hizo escuela, y fue a la vez maestro y discípulo.
Siguiendo con el tema críticas, no podía dejar de hacer referencia a un detalle que enerva a muchos, pero que a los que seguimos la serie simplemente nos divierte: las inverosímiles escenas de combate en Xena (o Hércules o El Joven Hércules, para el caso).
No voy a explayarme en el concepto de que se trata de una serie de fantasía, y, por tanto, todo —o casi todo— está permitido en términos visuales. Aunque sí sería útil aclarar que lo de Xena no es ningún invento: es tan sólo una copia —o un homenaje, si así lo prefieren— de las escenas de pelea de los filmes de acción de Hong Kong. En ellos, los personajes caminan por las paredes, vuelan, dan brincos fenomenales y se despachan con todas las acrobacias habidas y por haber. Sin embargo, en esas películas no es todo “lío, tiro y cosha golda”, sino que hay un desarrollo más profundo, que abarca desde la exaltación de las tradiciones en la cultivación de las disciplinas marciales, hasta la milenaria filosofía oriental.
Y tanta ha sido la trascendencia de esos filmes, que los estadounidenses (reyes de la copia y el reciclaje de ideas) comenzaron a introducir, tanto en sus superproducciones de Hollywood como en realizaciones que tiran más para el lado de lo independiente, las técnicas de filmación usadas en los largometrajes de acción orientales.
Pero el caso es éste. Las mismas personas que ven Matrix o Kill Bill y dicen “¡Qué alucinante!”, desdeñan con una indisimulada mueca de desprecio a Xena o a las series similares, y dicen “¡Qué ridículo! Eso no existe.” Y sí, es verdad, eso no existe; apenas es fantasía... ficción.
Insisto: no hay que mirar sólo la superficie; no hay que encadenarse tanto a los prejuicios, porque corremos el riesgo de perdernos cosas muy interesantes.
Muchas de las críticas que se le achacan a la serie apuntan para el lado del criterio histórico. Se defenestra a Xena porque mezcla épocas, hechos y personajes de forma descarada: por ella desfilan dioses griegos, protagonistas bíblicos, romanos, escandinavos, árabes y orientales, que hacen apariciones en sucesos tan distantes como la guerra de Troya, el enfrentamiento entre David y Goliat, el nacimiento de Jesús, o la batalla de Maratón, por sólo enumerar algunos de la larga lista. Es obvio que en la línea cronológica de la historia ese desfile no tiene pies ni cabeza... pero a veces no se le puede hacer entender a la gente que se indigna con ese aspecto, que esa amalgama caprichosa de períodos, personajes y eventos —eso que a todos nos resulta un menjurje sin ton ni son— es adrede. La serie está plagada de inexactitudes históricas y de anacronismos, pero creo que todos los que la seguimos somos conscientes de que no son ni casualidades, ni deslices. En ese sentido, hay que aplaudir a los realizadores por su audacia, y por su lisa y llana indiferencia ante las críticas de las que —saben— serán blanco irremediable.
Sin embargo, si uno se pone a revolver en el inventario de los capítulos, encontramos que hay muchos de los temas tratados en la serie, ya sea en forma de eje argumental o de simples escenas que enriquecen las historias, que sí están documentados como hechos históricos, o como meros detalles de las crónicas de la humanidad.
Uno que siempre tengo presente es el que se narró en el episodio Destiny. En efecto, durante el viaje de Julio César hacia la isla de Rodas —cuando él apoyaba al partido democrático en Roma, y decidió huir de la presencia de los nobles— fue capturado por piratas, quienes exigieron una recompensa para otorgarle la libertad. Se cuenta, también, que mientras aguardaba por ese rescate, amenazó a los piratas con hacerlos crucificar. Desde luego, nadie lo tomó en serio en ese momento. Pero César nunca dejaba una promesa sin cumplir, y una vez libre alistó unas cuantas naves para salir a capturar a esos piratas, quienes finalmente fueron crucificados en Pérgamo.
Otro detalle muy interesante forma parte del episodio Back In The Bottle, de la quinta temporada. No creo que haya sido ni invento ni casualidad que en el guión figurara que Xena vencería a un ejército entero convirtiendo a todos los soldados en piedra, ya que en el año 1974, en una excavación en China, fueron hallados los mundialmente célebres “Guerreros de terracota”: más de 6000 estatuas de piedra de soldados en tamaño natural, que pertenecían a la tumba del primer emperador, Shi Huangdi (259-210 a.C.).
En fin, éstos son sólo dos de los tantos ejemplos de que bajo la superficie siempre hay algo más; sólo hay que estar lo suficientemente libres de prejuicios como para nunca tomar en serio lo que aparece a simple vista en esta serie, pero sí buscar detrás de cada detalle el mensaje o el guiño que está escondido las más de las veces.
Hace unos días vi la película “Una historia china de fantasmas” (A chinese ghost story), de 1987, y pude constatar las similitudes con A Friend In Need. Si bien el episodio doble del final de Xena no es una remake de dicho largometraje, posee varias escenas y detalles prácticamente idénticos, además de tomar la base de su argumento para delinear la historia de Yodoshi, de cómo Akemi seduce a los viajeros para entregar sus almas al Señor de la Tierra Oscura, y de la misión de Harukata, que luego es encabezada por la Princesa Guerrera. Aquí hice una selección de las imágenes más significativas, por la semejanza, de ambas filmaciones.
La ajorca con cascabeles servía para llamar al malvado, una vez que su inminente víctima había sido seducida por alguna de las damiselas del templo.
Xiao-Chien, la fantasmal doncella, tocaba el guqin, un instrumento de siete cuerdas, típico del folklore chino, y con más de 3000 años de existencia. Akemi no podía quedarse atrás, y hacía lo propio con el koto, emblemático instrumento de cuerda japonés.
El villano azota y humilla a la sirvienta. (Nótese también los detalles de la escenografía; el mismo tipo de ventanales, los pisos y paredes de madera, etc.)
El mismo vestido rojo, la misma forma de calzárselo.
En Oriente, los vestidos se hacen largos.
Y para concluir, y dejar en claro que Robert Tapert es un gran fanático de esta película, una escena que evidentemente inspiró uno de los más memorables momentos de The Debt:
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