—No estoy hecha para la vida de esta aldea. Nací para hacer mucho más.
—Viajo sola.
—¿Y hacia dónde te diriges ahora?
—Anfípolis.
—Eso es en Tracia, ¿verdad? Me encanta estudiar los mapas y los nombres de los lugares. ¿Y qué ruta tomas habitualmente?
—Ni siquiera lo pienses.
—¿Qué?
—Seguirme. No quieres hacerme enojar, ¿verdad?
Gabrielle & Xena, Sins Of The Past (1x01)
...Y en 1995 comenzó la leyenda. Xena, una poderosa princesa forjada en el calor de la batalla se convertiría casi sin imaginárselo en una esplendorosa estrella plasmada en el fulgor de la pantalla. Sus primeros pasos como heroína fueron dados no sin una sólida determinación, pero sí con cierta cautela y con una innegable astucia.
La malvada Xena en el primer capítulo de la trilogía de Hércules... hasta con el peinado daba miedo.
Fueron tres interesantes episodios en la primera temporada de Hercules: The Legendary Journeys los que nos presentaron a esta guerrera despiadada y más que intimidante. En aquella trilogía, Xena de Anfípolis apareció haciendo diabluras y diseminando terror por doquiera que fuera para muy pronto ser reformada por el noble hijo de Zeus, a quien obviamente terminó enamorando, pero debió abandonar para ir a hacerse cargo de su propio programa... perdón, de sus propias batallas.
El resultado fueron 24 episodios que conformaron una memorable primera temporada de Xena: Warrior Princess, cuyo gancho principal fue, sin dudas, el retrato y la evolución de dos personajes riquísimos en sus naturalezas, y rápidamente abrazados por la audiencia: la ruda Princesa Guerrera en busca de redención y la dulcísima muchachita de Potedia con aspiraciones de barda.
Sobre esa sólida base se construyó esta sencilla propuesta televisiva de acción y aventuras, y, efectivamente, sobre otros dos ingredientes fundamentales: los atractivos exteriores y la música (ver comentario del Volumen I).
La primera temporada de Xena fue una llamativa oferta no sólo para el público ávido de historias de superhéroes, sino también para aquellos interesados en la mitología griega. Y es que, si bien ella no fue más que una simple excusa, siguiendo los pasos de la serie de la cual derivó, este ciclo inaugural tuvo un importante sustento en muchos de los mitos que ilustraron las páginas de la tradición helénica. El porcentaje de episodios cuya trama central giró en torno de algún mito célebre fue notoriamente mayor en esta fase inicial que en las restantes. The Titans, Prometheus, Beware Greeks Bearing Gifts, entre otros, fueron capítulos que se valieron de personajes y relatos legendarios para dar a nuestras heroínas un imaginario pero destacado espacio en la historia de Grecia y tierras aledañas.
Así y todo, esta incipiente etapa fue abordada sin demasiadas pretensiones y con ciertas reservas: es claro que los productores no apostaron todas sus fichas de entrada a este nuevo emprendimiento. Pese a que hubo episodios con gran despliegue de efectos especiales (Prometheus, Mortal Beloved, por ejemplo), los cuales —vamos a ser honestos— no eran gran cosa sino más bien bastante irrisorios, el transcurso modesto pero decidido de esta primera temporada, y el énfasis puesto en el desenvolvimiento de los personajes estelares, fueron sus primordiales aciertos.
Nadie dio a Xena la bienvenida... excepto Gabrielle.
Sins Of The Past no pudo ser un mejor comienzo: definió no sólo el meollo de la historia de la Princesa Guerrera, sino también el de los dos personajes por separado y como un equipo, Xena y Gabrielle. Este capítulo de apertura fue una sagaz aproximación al motor fundamental de Xena: la vergüenza, el remordimiento por los pecados cometidos. Incluso veríamos a la estoica guerrera intentar echar tierra a ese deshonroso pasado, y disponerse a morir en manos de sus debiluchos paisanos de Anfípolis, de no ser por la providencial aparición de una jovencita vivaracha que, en efecto, era la encarnación de todo lo bueno y puro por lo cual valía la pena luchar.
Con esas dos premisas planteadas, la de la ex villana arrepentida y su afán de enmendar los pecados del pasado peleando por una causa justa, y la de la chica entusiasta que quiere salir a ver el mundo y ser mucho más de lo que todos esperan de ella, Xena: Warrior Princess se consolidó como una de las más atrayentes series de acción, aventuras y, por supuesto, romance.
Claro que así como la serie se fue ganando la devoción de una buena parte de los televidentes, también se hizo de un consabido bando de detractores. Desde temprano fue blanco de numerosas críticas, tanto a las inverosímiles escenas de combate, como a las inexactitudes históricas y a las incoherencias argumentales. Pero los más optimistas —y no por ello menos exigentes— decidimos pasar por alto esos “meros detalles” (que para nosotros a la larga resultaron ingredientes muy peculiares en el indescifrable encanto de la serie), y disfrutar de todo lo bueno que el programa tenía para ofrecer.
Un no sé qué... Xena y Gabrielle, desde temprano, despertaron más de una sospecha.
De este modo, la primera temporada de Xena: Warrior Princess fue un generoso convite de peripecias de estas dos heroínas, que tuvo un considerable asiento en la mitología griega y estableció la entraña que dio forma a la serie: la amistad de dos mujeres, en apariencia muy distintas y cada una con su propio designio, y la lucha de ambas por hacer del mundo un lugar mejor. Cada cual movida por sus motivaciones personales, pero indudablemente conectadas por ese afecto incondicional que espontáneamente nació entre las dos desde un primer momento.
De allí en adelante el crecimiento de ambos personajes y de su relación marchó a la par del desarrollo de las historias en las que se vieron envueltos. En parte, quizá, porque el interés del público también fue creciendo, y, por otro lado, porque los rumores sobre un supuesto vínculo romántico entre Xena y Gabrielle muy pronto empezaron a hacerse escuchar. Los realizadores, en especial alentados por la productora Liz Friedman, homosexual declarada, vislumbraron el partido que podrían sacar si se comenzaba a jugar con esa posibilidad. Así se originó el subtexto en Xena: Warrior Princess, que en un principio fue involuntario, pero a partir del decimonoveno capítulo, Altared States, se tornó deliberado.
La respuesta de la audiencia gay no se hizo esperar, y la serie se transformó de a poco en objeto de culto para la comunidad. Los debates entre quienes interpretaban una relación amorosa entre los personajes protagónicos y quienes la negaban se fueron extendiendo cada vez más, y encontraron en Internet el espacio por excelencia para sostener efusivos argumentos a favor o en contra del subtexto. La expectativa fue muy hábilmente creada hacia el final de este primer ciclo, y dejó intrigadísimos a los millones de espectadores que aguardaron vorazmente la segunda temporada y la convertirían, con la esperanza de una definición, en la más exitosa de todas.
Callisto: Una clásica escena romántica de la primera temporada.
Por supuesto que los productores nunca admitirían nada abiertamente. Sin embargo, la abundancia de subtexto en su segundo año de vida fue más que evidente y no dio lugar a dudas de que, gustara o no, ahí había “algo más”. De todos modos, los creadores se las ingeniaron para decir lo que querían decir sin dejar inconforme a ninguna de las dos facciones: simplemente emitieron un mensaje cuya decodificación correría por cuenta del receptor.
Así, con un jugoso festín de 24 episodios, Xena: Warrior Princess tuvo bastante para ofrecer y prometió aún más: la primera temporada fue apenas el comienzo del triunfante ascenso de esta serie hacia un sitio destacado dentro de la industria del entretenimiento. Algunos se engancharon con la clásica estructura de las historias de superhéroes y de acción; otros con la particular reelaboración de muchos mitos o relatos históricos; hubo quienes hallaron en el subtexto uno de los rasgos más interesantes del programa, y los más afortunados lograron descubrir algo rescatable y valioso allí donde posaran su mirada.
Por mi parte, debo decir que lo que me atrajo de la serie fue, principalmente, la música y las imágenes, pero sin duda alguna, también los personajes de Xena y —en especial— Gabrielle, y de igual manera, mi fascinación por la mitología griega.
Y, además, porque Xena es Xena, aunque suene a perogrullada. Pues una vez que nos adentramos en su universo y nos dejamos llevar por la locura, ya nunca más nos podríamos curar de ella.
El Top Ten de la Primera Temporada
© 2002.
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