«Gabrielle, no puedo. Sabes que nada me haría más feliz que volver a verte. Tú eras mi luz. Pero acabo de darme cuenta de lo que tú me diste: una luz propia. Hay algo que tengo que hacer; algo que tú habrías querido que hiciera. Te amo.»
Xena, Adventures In The Sin Trade I (4x01)
Con el auspicioso final de la temporada anterior (Sacrifice I & II), este cuarto año de Xena: Warrior Princess comenzaría a recuperar el nivel al que nos tenían acostumbrados antes de la ruptura. Se trató de un conjunto bastante consistente y regular de veintidós episodios, los cuales conformaron una digna temporada número cuatro, pese a que se pudo percibir un significativo giro en la estructura de las historias y los personajes.
Este abrupto “cambio de enfoque” es notable si se compara esta etapa con las dos primeras, si bien fue evidente que la configuración de la serie comenzó a transformarse a partir de la ruptura. Sin embargo, este ciclo se caracterizó por su solidez y por haber tenido un desarrollo uniforme y bien logrado, cuyo máximo esplendor fue alcanzado en los dos anteúltimos capítulos, Endgame y The Ides Of March, dejando a la incondicional audiencia con una inmensa intriga en cuanto a la resolución de la muerte de las heroínas.
Adventures In The Sin Trade: Cyane, amazona aguerrida y maestra de Xena.
La primera sorpresa de la temporada fueron los episodios épicos de la apertura: Adventures In The Sin Trade, dos ejemplos de esta nueva era de Xena: Warrior Princess, en los que se unieron muy inteligentemente la narración del pasado (ventilando más correrías de la malvada Xena y más personajes que dejaron huella en su vida) con el conflicto central, que era el de recuperar a Gabrielle sana y salva. Aquí nos presentaron sólo algunas —pero las más representativas— de las flamantes incorporaciones al universo del programa: un marcado acento puesto en la “dimensión espiritual”, que sería muy explotada durante toda esta fase; prácticas de rituales místicos, y el considerable alejamiento de uno de los motores originales de la serie: los mitos griegos.
La transfiguración fue indiscutible y en cierto modo también osada; no obstante, el nuevo rumbo que se escogió fue aprovechado con acierto: se intentó centrar la historia en el pasado de Xena y el enorme peso que él aún ejerce sobre sus actos, y en la búsqueda personal de Gabrielle, quien luego de haber “perdido su camino” de Britania en adelante, comenzaría a encontrar su lugar en el mundo y en la vida que comparte con Xena. El resultado fue muy interesante e innovador y, sin duda, empezó a hacer las enmiendas necesarias al gran golpe que había significado la ruptura.
La curiosidad de los seguidores, muy bien propiciada con el final de la temporada precedente, fue satisfecha con el doblete Adventures... e inmediatamente con A Family Affair, un capítulo que, pese a que no estuvo a la altura de los dos iniciales, fue efectivo y confirmó que el primer paso en la dirección correcta ya había sido dado, y con buena fortuna.
Los episodios Locked Up And Tied Down y Past Imperfect nos permitieron asimilar con un mejor panorama el meollo de la Princesa Guerrera y de sus motivaciones, en tanto Crusader y la trilogía hindú nos hicieron partícipes del trance que el personaje de Gabrielle estaba experimentando en aquel momento, y su consecuente evolución. Por su parte, el final de la temporada fue una profunda combinación de estos dos correlatos, en la cual se sentaron bases muy esclarecedoras acerca de la naturaleza de Xena y Gabrielle respectivamente, y la de su relación en sí misma.
The Ides Of March: un capítulo conmovedor.
The Ides Of March, un capítulo encarado con gran habilidad, resultó uno de los hitos en la serie, ya que de él se desprendió más de una revelación: el verdadero camino que Gabrielle estaba consagrada a transitar, y la aceptación de Xena del destino que forjó con sus acciones más recientes. Fue el episodio que resumió los cuatro años enteros de aventuras de estas dos heroínas, porque obró como un desenlace muy congruente con la premisa de la historia. Pudo haber sido, incluso, un creíble y sólido final para la serie, pues no dejó asuntos por resolver y cerró de forma coherente la trama que se planteó en esta cuarta temporada: tanto Xena como Gabrielle están donde deben estar, juntas y abrazando una causa común siendo leales cada una a su esencia.
Así y todo, la expectativa fue extraordinariamente azuzada con la crucifixión, y dejó en vilo a los millones de espectadores que aguardaron con ansias la quinta temporada. Ora se tome este conjunto de veintidós capítulos como la reafirmación de ese vínculo incondicional y entrañable entre Gabrielle y Xena; ora se lo considere como la validación de las misiones de cada una en este mundo, la cuarta temporada fue un fiel compendio de las raíces sobre las que se establecieron tanto los personajes principales, como la sustancia de la serie toda.
El Top Ten de la Cuarta Temporada
© 2002.
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